Isaí
Contreras Álvarez
La pasada elección presidencial en
Estados Unidos ha marcado un parteaguas en la historia contemporánea de las
relaciones comerciales entre México y Estados Unidos. Por un lado, en el vecino
país del norte, el triunfo del candidato republicano pone de manifiesto el
hartazgo de la clase media estadounidense por la gestión gubernamental de las
élites profesionales, debido a que se consideran a sí mismos como los grandes
perdedores en relación a países como México y China, bajo un contexto de
creciente globalización e integración económica.
Particularmente, la percepción de este
estrato de la población sobre los beneficios del TLCAN dista de ser buena. Por
el contrario, consideran que el acuerdo comercial ha tenido un alto costo en
términos de los empleos perdidos cuando las empresas locales se desplazaron
hacia nuestro país en busca de mejores oportunidades, adoptando como bandera el
argumento de la ventaja comparativa propuesta
por Smith en 1776. Esto explica en
alguna medida, además de la inclusión de otros factores de tipo social, la
victoria de Trump en estados como Michigan, Ohio y Pensilvania por amplio
margen respecto a su homóloga demócrata, lo que a la postre le permitirá
convertirse en el Presidente número 45 en la historia de los Estados Unidos.
Entre tanto, México ha tenido que lidiar
con una persistente apreciación del dólar desde hace algún tiempo. En primera
instancia, esta tendencia se explica por las expectativas sobre el aumento en
la tasa de interés de la FED, a consecuencia de la recuperación de la economía
estadounidense experimentada desde 2011 y que se debe a factores tales como la
generación de empleos, la recuperación progresiva de los salarios reales y la
reducción en precios de alimentos e hidrocarburos, lo que en última instancia
se reflejó en una mejora paulatina del consumo.
Sin embargo, hoy en día, la apreciación cambiaria (en detrimento del peso
mexicano) incorpora como otra variable explicativa al efecto Trump, que ha traído consigo una gran incertidumbre por la
promesa de renegociación del TLCAN con México, además de la ralentización del
crecimiento económico nacional.
Precisamente este es el punto de
vinculación con el tema del fortalecimiento del mercado interno. De hecho, ante
la coyuntura económica que vive México, resulta importante considerar el papel
que el mercado doméstico puede desempeñar como motor del crecimiento económico,
sobre todo si se toma como referencia la época del desarrollo estabilizador (1954-1970), período económico más exitoso
en la trayectoria de la economía mexicana; con tasas de crecimiento promedio
anual de 6 por ciento. No obstante, debe
tenerse sumo cuidado al proponer esta idea, ya que no se trata bajo ningún motivo
de una vuelta a la sustitución de importaciones, sino de promover la industria
nacional con el propósito de tener una estructura productiva sólida que permita
hacer frente a los vaivenes del exterior y al mismo tiempo, mejorar
nuestra forma de inserción al mercado mundial.